Del libro Criminologia en la sociedad cubana actual: “El caso millonario”

Logo de la heladeria Coppelia

Era la epoca en que se empezaba a salir de la miseria: empezaban a aparecer los carros ¨Lada¨ soviéticos, nuevecitos, junto a los viejos ¨almendrones¨ (los carros americanos vetustos y grandes…). Y era tambien la epoca en que se pusieron de moda las ¨Heladerias Coppelia¨, con multiplicidad de sabores a cual mas deliciosos…Parece que se habia abierto una nueva y moderna fabrica de helados que las surtia…
Nuestra historia es la historia de dos de esos Ladas, todavia no muy abundantes, decorados con todos los ¨extras¨ posibles y accesibles a los ¨pinchos¨ (los dirigentes de medio palo que querian destacarse de ¨la masa¨), de un ¨Millonario¨ cubano de verdad, de una de esas heladerias, la Ward, situada en la Avenida de Santa Catalina, y de un policia observadorde los detalles…No se pierda ¨el caso¨, fue y es el que abrio un nuevo capitulo en la historia de la delincuencia en La Habana.

Sucedió un día en que a media mañana circulaba por esa arteria en su carro un alto jefe de la Policía Nacional Revolucionaria. Hombre observador, como es propio de su profesión, se fijó en un carro que estaba parqueado frente a esa cremería. Se fijó porque era un Lada último modelo (es decir, de los primeros que entraron al país), adornado con todos los atributos que usaban los dirigentes: cristales tintados, faros con extras y neblineros, retrovisores laterales y otros extras (a raíz de este caso el Ministro mando a quitar en todos sus carros oficiales estos atributos que indicaban “status”). Le entró la curiosidad por saber qué dirigente tenía tiempo para estar a las 11 de la mañana parqueado en una cremería saboreando un helado. Tomó la planta y ordenó que le dijeran a quién pertenecía la chapa del carro en cuestión. Unos minutos después le dieron la respuesta: el propietario era un desconocido y al inquirir por su profesión le comunicaron, para su sorpresa, que era el Administrador de la propia Heladería “Ward”. Había que averiguar cómo un simple administrador podía comprar un coche así, y rodearlo de lujos.

No dio más instrucciones por la planta, pero al volver a su oficina llamó inmediatamente al Jefe de Investigaciones y le encomendó que reuniera todos los casos abiertos y demás informaciones existentes sobre la citada cremería. No tuvo que esperar mucho, apenas una hora después obtuvo la información solicitada, que le dejó boquiabierto: resultó que había decenas de casos relacionados con la heladería, pero no se encontraba la relación entre ellos. Eran, al parecer, un número elevado de denuncias e investigaciones, efectivamente, y los mejores investigadores estuvieron estudiándolos durante horas, hasta que sacaron las conclusiones:

Al parecer, todos los casos individuales estaban interrelacionados, eran empleados de la cremería; todo comenzaba con el cucharón dispensador de helado con que se servía: eran cucharones especiales, hechos más pequeños, o sea, por cada “helado” que se vendía, el repartidor se quedaba con una cantidad de dinero que no estaba contabilizado. Esta diferencia de dinero se la distribuían entre los empleados, en proporción directa al cargo de cada uno, de modo que el sobrante iba a parar a los bolsillos del vendedor. Pero no por mucho tiempo: debía pagar una parte, mayor, al Jefe de Turno. Aquí también ocurría lo mismo y se debía pagar la “coima” al subdirector, quien al final hacía lo propio con el administrador. Era una cadena, en la cual el administrador se quedaba con la parte del “león”. Sumado el total, explicaba el nivel de vida y no solo el carro ostentoso que se permitía llevar el administrador, que dio el nombre de “Caso Millonario”. Las cosas no terminaban ahí, por supuesto. Con tanto dinero en el bolsillo podía comprar lo que quería, generalmente en la bolsa negra, o encargar exquisiteces.

Este caso fue el primero que observamos de esta modalidad, que no tenía siquiera nombre técnico, y le bautizamos como “Delincuencia Institucional”, una variante inédita hasta entonces de Delincuencia Ocupacional.

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Acerca de fernandob33

Nací en Madrid en 1928. Emiliano, mi padre, fue un escultor famoso que murió cuando participaba como voluntario en la guerra contra Franco. Mi madre y yo fuimos evacuados (como todas las mujeres y niños) hacia Levante. Después, a Argelia y luego a Argentina, donde comencé mi carrera de médico. De este país luego de una larga prisión por mis ideales, fui expulsado a España, pero acogido como refugiado político por Hungría, donde por fin pude terminar mi carrera. A la par de mis estudios trabaje como traductor simultáneo lo que me permitió recorrer casi todos los países socialistas incluido Viet Nam. La Revolución Cubana reavivó mis ansias revolucionarias luego de años de vida en Hungría. Por pura casualidad, me enteré que Ernesto, mi amigo de la infancia, había luchado con Fidel en la Sierra Maestra y era un líder conocido como el “Che”. Con su ayuda, pues no poseía pasaporte, pude viajar a la isla, donde trabajé como médico e investigador social. Además me enamoré y encontré la felicidad con Laly y los dos bravos hijos que me dio: Ernesto y Fernando. Junto a Ana Maria, de mi primer matrimonio con Isabel, una compañera de estudios húngara, son mis grandes orgullos en la vida. Libros publicados: Diccionario Húngaro-Español Diccionario Español-Húngaro Mis Vidas Sucesivas Hungría 1956. Crónica de una insurrección. eBook. Editorial Ruth. 2014. Criminología Social. Con Alejandro Aldana Fong. De próxima aparición. Varios trabajos sobre la Delincuencia.
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