En busca de mi hijo

 
Hoy, 19 de agosto de 1994, recorría por enésima vez las Playas del Este de La Habana buscando a mi hijo Ernesto, a quien llamábP1070824amos ¨ Kiko¨, un windsurfer a quien todos conocían. Pese a esto era como buscar una aguja en un pajar de tanta gente, no pocos de ellos navegando a vela, pero muchos otros arrastrando balsas y otras embarcaciones rudimentarias. Era el comienzo de la avalancha de los ¨balseros¨ que allí se encontraban esa mañana con la esperanza de abandonar el país, ya que los Guardafronteras no impedían la salida de las embarcaciones. Era tal la ¨molotera¨que me dije a mí mismo: ´Ya aparecerá´, y me dirigí en busca de noticias a la casa de Mandy, donde Kiko guardaba su tabla.
 
Al pensar en estas, recordé con orgullo cómo las había ido ganando una a una a fuerza de sus habilidades y por que no, su fuerza también, como windsurfer. Me vinieron a la mente sus inicios frustrantes con el Kayak, capaz de llevarle a su destino pero incapaz de traerle de vuelta contra el viento. Según comentaba ésta había sido una de las motivaciones más fuertes para dejar el Kayak y buscar a toda costa una tabla de vela, que ya empezaban a verse en las playas de la Habana y de Varadero.
 
En la familia solo hablaba de windsurfing. En una ocasión en Varadero, un amigo de Laly, el Dr. Víctor Junco le dio una lección que jamás olvidaría: “El éxito en el windsurf radica  en mantener el mástil en posición vertical”.
 
A todo esto eran ya las 6 de la tarde y me dirigí a la casa. Kiko no había llegado aún y Laly empezaba a preocuparse; pero cuando el reloj marcó las 8 p.m. y Kiko no llegaba aún, Laly, y Elena dijeron que había que salir a buscarlo.
 
Inmediatamente Fernandito y yo nos dirigimos a la “Playita de 16”, la que recorrimos de arriba abajo. En el camino, así como en la playa, pudimos advertir un mayor movimiento de gente que se dirigían hacia la costa. Llevaban todo tipo de balsas y embarcaciones rústicas. Según se introducían en el agua los guardafronteras los dejaban pasar sin trabas, cosa verdaderamente insólita que no podíamos explicarnos, pues no habíamos escuchado la radio informar de la liberación de las costas.
 
Recorrimos las playas preguntando a la gente si habían visto a Kiko, La mayoría lo había visto por la mañana temprano, luego alguno nos dijo que lo habían visto a media mañana enfilar rumbo norte a gran velocidad, Kiko era rápido, no había quien le ganara cuando le daba por correr, y esa mañana parecía estar más apurado que de costumbre. Parecería que la ausencia de guardafronteras visibles lo estimulaba…
 
Ya estábamos cansados de la búsqueda cuando Hiskle, compañero suyo de aventuras, nos puso sobre la pista: nos dijo que había estado dando vueltas por la playa pero no encontro a ningun conocido. Entonces, casi repentinamente cogió rumbo norte y se perdió rápidamente en el horizonte. Algunos quisieron seguirle pero rápidamente lo perdieron de vista, cogio Rumbo Norte y en pocos minutos se perdio en el horizonte, dejando atrás a sus seguidores.
Esta fue la última noticia que tuvimos de Kiko. . ¿La última noticia? Conociéndolo lo dudaba mucho. Su última noticia, la primera que él  daría, vendría desde la lejana meta que se había fijado, y sería como la de un Leo genuino, la noticia de la victoria del Sol, su signo, contra la Luna, reina oscura de la noche, y contra los vientos que no lograrían torcer su rumbo fijado por Casiopea, ni doblegar la fuerza de sus brazos. Esa sería la noticia: el logro de su heroico propósito.  Aún tendríamos que esperar.
 
Al cabo de los tres días supimos que estaba en Krome, una cárcel  de inmigración. La travesía había durado 19 horas, 19 horas en las peligrosas aguas del golfo, sin comunicaciones ni contacto humano, sin agua potable ni alimentos, sin brújula, sólo con su relojito Citizen y los conocimientos rudimentarios de Astronomía. Supimos que su trayectoria marina fue razonablemente directa. Solo se desorientó un poco con las luces de un faro, pero  inmediatamente corrigió el  rumbo hacia el Este al ver un gran resplandor que semejaba las  luces de una Ciudad.
 
Por fin tocó tierra firme (luego sabría que se trataba de Cayo Hueso) y al bajarse en el  muelle las piernas apenas le sostenían por el gran esfuerzo realizado. Las  piernas  apenas le  sostenían, sí, pero  Kiko había logrado su propósito, una hazaña nunca  alcanzada por otro, ni antes ni después: atravesar con su tabla de surfing, en solitario y sin apoyo externo el Estrecho de la Florida. Y la magnitud de la proeza inigualada le hizo sollozar de emoción.
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Acerca de fernandob33

Nací en Madrid en 1928. Emiliano, mi padre, fue un escultor famoso que murió cuando participaba como voluntario en la guerra contra Franco. Mi madre y yo fuimos evacuados (como todas las mujeres y niños) hacia Levante. Después, a Argelia y luego a Argentina, donde comencé mi carrera de médico. De este país luego de una larga prisión por mis ideales, fui expulsado a España, pero acogido como refugiado político por Hungría, donde por fin pude terminar mi carrera. A la par de mis estudios trabaje como traductor simultáneo lo que me permitió recorrer casi todos los países socialistas incluido Viet Nam. La Revolución Cubana reavivó mis ansias revolucionarias luego de años de vida en Hungría. Por pura casualidad, me enteré que Ernesto, mi amigo de la infancia, había luchado con Fidel en la Sierra Maestra y era un líder conocido como el “Che”. Con su ayuda, pues no poseía pasaporte, pude viajar a la isla, donde trabajé como médico e investigador social. Además me enamoré y encontré la felicidad con Laly y los dos bravos hijos que me dio: Ernesto y Fernando. Junto a Ana Maria, de mi primer matrimonio con Isabel, una compañera de estudios húngara, son mis grandes orgullos en la vida. Libros publicados: Diccionario Húngaro-Español Diccionario Español-Húngaro Mis Vidas Sucesivas Hungría 1956. Crónica de una insurrección. eBook. Editorial Ruth. 2014. Criminología Social. Con Alejandro Aldana Fong. De próxima aparición. Varios trabajos sobre la Delincuencia.
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