El Salvoconducto

salvoconducto1

Salvoconducto firmado por el Jefe Soviético de la Plaza de Budapest. Valido para circular durante las horas del toque de queda (6 p.m. a 6 a.m.) en cumplimiento de funciones de médico (noviembre de 1956)

salvoconducto2En el mes de noviembre del año 1956, Hungría, vivía tiempos convulsos. La ocupación soviética había ocasionado, en la ciudad de los siete puentes, una verdadera revolución socialista.

Después del levantamiento estudiantil ocurrido tan solo un mes antes y del fallido intento de uno de sus líderes más prometedores, Imre Nagy, la invasión soviética era cuestión de escasos días.

Para ese entonces yo vivía, junto a mi familia (mi esposa Isabel y mi madre), en Hungría, específicamente en las colinas de Buda, en la calle Bimbó número 3. Nuestro edificio tenía varios pisos de altura y los cañonazos se oían cercanos y parecía que en algún momento entrarían por la ventana. Dos o tres días después, cuando por fin se pudo bajar a las calles, me llegué hasta la cabecera del puente Margarita (Margit híd); estaba custodiado por algunos soldados soviéticos armados pero sin que asumieran una posición ofensiva.

 Budapest estaba entonces sumida en una huelga general indefinida, en la que por no se que milagro solo funcionaban panaderías. En los 2 meses aproximados que duró, no faltó el pan fresco en ningún hogar de la Capital.

Yo me desempeñaba como Médico de Barrio, por lo que a pesar de la situación existente en la ciudad, debía seguir visitando a mis pacientes. El recorrido hacia el Policlínico, lo realizaba caminando. Para poder llegar a Pest debía cruzar por el único y el más largo de los puentes sobre el Danubio que estaba abierto: el Puente Árpád. Este atraviesa la Isla Margarita en su extremo norte por el punto más alejado del centro.

Durante todo el tiempo que duró la huelga hice este largo recorrido todos los días (ida y vuelta) por el Puente Árpád hasta mi trabajo. Yo apenas lo percibía, pero mis pacientes como después supe, me llevaban bien la cuenta. No había faltado un solo día. Las mujeres de mi distrito reconocieron este hecho y convocaron una reunión para solicitar al Municipio que me asignaran una vivienda en las proximidades. La vivienda no se hizo esperar y una o dos semanas más tarde me entregaron las llaves del nuevo apartamento.

Pero las largas distancias entre Buda y Pest y la ausencia de transporte público, no eran los únicos obstáculos en aquel entonces. Por si fuera poco la Ciudad nos impuso un toque de queda, de 6 p.m. a 6 a.m. La Ciudad estaba dirigida por un Jefe Militar Soviético de la Plaza, al cual se subordinaban todos los organismos; sin embargo, no había una presencia militar visible en las calles. Los funcionarios soviéticos estaban adscritos a los distintos organismos, con quienes debían consultar cada una de sus acciones.

Pero incluso con un toque de queda, los médicos no podíamos interrumpir nuestro trabajo, y así nos lo hizo saber el Director del Policlínico. Nos advirtió que bajo ningún concepto se permitiría una huelga de médicos. Se veía que estaba bajo una gran presión, posiblemente, debida a su responsabilidad ante las autoridades soviéticas.

Para poder circular libremente durante el toque de queda, nos dio un Salvoconducto escrito en húngaro y en ruso y firmado por el “Jefe Militar de la Plaza”, documento que aún conservo. Efectivamente fue así, los médicos no faltaron ni un solo día al cumplimiento de su deber a pesar de la ocupación soviética en toda Budapest.

 Esta ocupación militar se mantuvo visible alrededor de veinte días, hasta que poco a poco la situación se fue normalizando, se abrieron los mercados y algunas tiendas y finalmente se levantó el toque de queda. Para el día 11 de noviembre la revolución húngara había sido aplastada por completo.

Anuncios

Acerca de fernandob33

Nací en Madrid en 1928. Emiliano, mi padre, fue un escultor famoso que murió cuando participaba como voluntario en la guerra contra Franco. Mi madre y yo fuimos evacuados (como todas las mujeres y niños) hacia Levante. Después, a Argelia y luego a Argentina, donde comencé mi carrera de médico. De este país luego de una larga prisión por mis ideales, fui expulsado a España, pero acogido como refugiado político por Hungría, donde por fin pude terminar mi carrera. A la par de mis estudios trabaje como traductor simultáneo lo que me permitió recorrer casi todos los países socialistas incluido Viet Nam. La Revolución Cubana reavivó mis ansias revolucionarias luego de años de vida en Hungría. Por pura casualidad, me enteré que Ernesto, mi amigo de la infancia, había luchado con Fidel en la Sierra Maestra y era un líder conocido como el “Che”. Con su ayuda, pues no poseía pasaporte, pude viajar a la isla, donde trabajé como médico e investigador social. Además me enamoré y encontré la felicidad con Laly y los dos bravos hijos que me dio: Ernesto y Fernando. Junto a Ana Maria, de mi primer matrimonio con Isabel, una compañera de estudios húngara, son mis grandes orgullos en la vida. Libros publicados: Diccionario Húngaro-Español Diccionario Español-Húngaro Mis Vidas Sucesivas Hungría 1956. Crónica de una insurrección. eBook. Editorial Ruth. 2014. Criminología Social. Con Alejandro Aldana Fong. De próxima aparición. Varios trabajos sobre la Delincuencia.
Esta entrada fue publicada en Hungria, memorias. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s